Músculos

La supervivencia depende de la capacidad para mantener un ambiente interno relativamente constante. Esta estabilidad suele requerir movimientos corporales. Por ejemplo, debemos recoger e ingerir alimentos, defendernos, buscar refugio y construir herramientas, vestidos u otros objetos. Muchos sistemas diferentes del organismo desempeñan algún papel en la realización de movimientos, pero es la actuación conjunta de los sistemas esquelético y muscular la que permite, en realidad, la mayoría de los movimientos corporales. No obstante, los huesos y las articulaciones no pueden moverse por sí mismos. Deben ser movidos por algo.

El movimiento es una de las «características vitales» más típicas y que se aprecian con más facilidad. Cuando caminamos, hablamos, corremos, respiramos o nos entregamos a una serie de otras actividades físicas que están bajo el control «voluntario» del individuo, lo hacemos por medio de la contracción de los músculos esqueléticos.

Existen en el cuerpo más de 600 músculos esqueléticos. En conjunto, constituyen el 40-50% del peso corporal, y junto con el andamiaje del esqueleto, establecen también la forma y contornos de nuestro cuerpo. La contracción de cada una de las células musculares es, en último extremo, la responsable de los movimientos intencionados.