Pediculosis


El síntoma principal de las pediculosis, sea cual sea la localización, es el prurito. se trata de un picor intenso y persistente, aunque la infestación puede también ser asintomática, especialmente en los primeros días o semanas tras el contagio. El prurito se debe a la irritación provocada por la gota de saliva que el insecto deposita al morder al huésped para alimentarse, con lo que se forma una pápula milimétrica rojiza muy pruriginosa. Como consecuencia del prurito, es frecuente observar signos de rascado y excoriaciones, con impetiginización secundaria e incluso adenopatías regionales reactivas de la piel retroauricular o de la nuca, en el caso de la pediculosis de la cabeza o en la zona hipogástrica y genital, para la pediculosis pubis. En esta última, un signo típico es la observación de las máculas cerúleas de 0,5-1cm en las zonas parasitadas. Estas lesiones, que pueden confundirse con equimosis si no se explora al paciente detenidamente, se deben a una sustancia anticoagulante secretada en la saliva de las ladillas.


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